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Cuentos Completos. Roberto Arlt

Todos los cuentos de Roberto Arlt, en un solo volumen. Con prólogo de Martín Kohan.

Los mundos de Arlt (no todos los escritores alcanzan a constituir mundos que puedan llamarse de veras suyos; Arlt, fuera de dudas, es uno de los que sí) están plenamente presentes en sus cuentos: están los personajes defectuosos (los deformes, los contrahechos, los «tísicos perversos», el «monstruo jovial», los rengos, los tuertos, los jorobados), están los ambientes turbios (los de los canallas, los espías, los contrabandistas, los estafadores, los tratantes de blancas, los traficantes de drogas; «el hampa de la literatura», «los prostíbulos más espantosos de provincia», los «dramas oscuros que se gestan en las entrañas de las grandes ciudades»). Pero está, por supuesto, sobre todo, esa retórica de la infelicidad y la desesperación que es el sello de Roberto Arlt, su verdadero «mundo» después de todo: la voz febril de los que se hunden y saben que se hunden, la de los que no pueden más de aburrimiento o de angustia, la de los incapaces de sentir compasión, la de los que la sienten pero a la vez la desprecian, la de los que no saben qué hacer con su vida, la de los que no saben qué hicieron con ella, la de los infelices sin remedio.
Martín Kohan

El caso de Roberto Arlt en la literatura es bastante especial, pues cultivó prácticamente todos los géneros: novela, relato, teatro, crónica de viajes, y periodismo (además de, algo ciertamente inusual, una poco conocida faceta de inventor fallido). De todos esos géneros el que quizá lo hizo más popular en Argentina, fue la serie de crónicas que publicó bajo el título de Aguafuertes porteñas. Creo que la faceta más difundida actualmente es la de novelista gracias, sobre todo, a Los siete locos y a su continuación, Los lanzallamas. Aunque no pase desapercibida, creo que su labor como cuentista es la más desconocida y, en mi opinión, la más valiosa de este singular escritor. Un amigo de Roberto Arlt dijo en una ocasión de él que desde que lo conoció en la escuela “tragaba libros y vomitaba cuentos“. Su amigo no hablaba en vano, pues a lo largo de su vida Arlt escribió más de setenta relatos que fueron publicados en dos volúmenes diferentes: El jorobadito y El criador de gorilas.
Los temas que trata Roberto Arlt en sus relatos suelen rozar el terreno de lo escabroso: el masoquismo, las humillaciones, la misoginia, así como una crítica continua a lo que Buñuel llamaría “el discreto encanto de la burguesía”, contra la que Arlt arremete criticando su hipocresía, y el resentimiento que, según él, es inherente a esta clase social debido a sus aspiraciones frustradas por ocupar una posición social y gozar de riqueza. Otro tema recurrente en Arlt es el de los personajes marcados física o psicológicamente con algún tipo de tara.
En cuanto a su estilo, al escritor siempre se le ha criticado por su aspecto tremendista que, además, jamás trató de pulir adornándolo con un lenguaje refinado o revestido de palabras que suavicen los argumentos de sus historias. A Roberto Arlt le interesaban las tramas y sus personajes con toda su crudeza, y en ese sentido, siempre logró mantenerse fiel a sí mismo. De hecho, él mismo advierte en el prólogo de El jorobadito que se trata de “un libro trabajado por calles oscuras y parajes taciturnos, en contacto con gente terrestre, triste y somnolienta” y donde “los seres humanos son más parecidos a monstruos chapoteando en las tinieblas que a los luminosos ángeles de las historias antiguas”.
El jorobadito consta de nueve cuentos cuya temática es, como ya se ha adelantado, la culpa, la humillación, la moral burguesa y la misoginia, ésta última abordada desde la perspectiva del hombre casado que debe renunciar a desarrollar su personalidad para sucumbir al convencionalismo y dedicarse en cuerpo y alma a mantener a su familia. Esta temática aparece en cuatro de los nueve cuentos: “El jorobadito”, “Ester Primavera”, “Una tarde de domingo” y “Noche terrible”, en los que se pueden leer frases como esta: “Casarse es una forma de suicidarse. Y yo no estoy dispuesto a morir.” O esta otra: “Todos somos hombres buenos. Pero de cada uno de nosotros se burla alguna mujer.“
“La luna roja” y “El traje del fantasma” son cuentos que abordan el género fantástico. En “La luna roja” asistimos a un juicio final en donde desfilan hombres junto al resto de los animales, todo ello bajo una luna ensangrentada.
“Pequeños propietarios” tiende más bien al estilo de la crónica, estilo que ya usó e sus conocidas Aguafuertes porteñas, en el que trata de referirse a los problemas más cotidianos donde la lucha por la vida se centra en el aspecto materialista por conseguir dinero.
“Escritor fracasado” es un largo relato en el que Arlt se lamenta de la suerte de aquellos que aun siendo escritores con talento son denostados por los críticos literarios.
“Las fieras” explora el inframundo de la sociedad argentina, con prostitutas, delincuentes y gentes de mal vivir como protagonistas del relato.
En cuanto a los relatos de El criador de gorilas surgen de un viaje de Roberto Arlt a España y Marruecos. Si bien recorrió España de norte a sur y recorrió la mayoría de sus regiones, Arlt quedó mucho más impresionado por el exotismo de Marruecos, que tal vez le recordó a las legendarias historias de las Mil y una noches. De este modo las aldeas del Rif, las ciudades de Tánger, Tetuán o Fez, con sus bazares, sus calles laberínticas, sus mezquitas y sus costumbres tan diferentes dejaron una huella evidente, pues la mayoría de los cuentos que componen este libro provienen de sus experiencias por el norte de África. Tal vez recubierto de todos los tópicos posibles, Roberto Arlt no escatima en describir en sus relatos todos los elementos de ese exotismo que tanto le fascinó: los habitantes de las ciudades vestidos con chilabas y calzados con babuchas, las mujeres cubiertas con un velo y los hombres con turbantes, las llamadas a la oración desde los minaretes, los encantadores de serpientes, y todo el folklorismo asociado a ese mundo.
Todo ello lo recoge Arlt en sus cuentos y lo desgrana, utilizándolo para construir historias de terribles venganzas o de cruentos asesinatos. En el relato que da título al libro, Arlt se traslada al Congo para hacer morir al protagonista devorado por las termitas. En otro relato nos habla de temibles tribus caníbales que habitan en la África más profunda. Venganzas, castigos y deshonor son otros temas tratados recurrentemente en varios de estos cuentos. La búsqueda de una flor mítica, la orquídea negra, la terrible enfermedad del sueño que afecta a personas, la existencia de plantas y de animales que parecen devorarlo todo se relatan de una forma inquietante que en absoluto puede pasar desapercibida. En el cuento “Rahutia la bailarina” Arlt hace una rara concesión al amor como una forma de redención, pese a lo cual, sus cuentos permanecen fieles a un estilo muy particular, un estilo ágil, directo, cruel, un estilo que reniega del afán ampuloso y que parece más cercano a la simple eficacia periodística, con argumentos plagados de destellos geniales.

Roberto Arlt (Buenos Aires, 1900-1942) puede ser comparado con cualquier escritor. Se puede comparar con Franz Kafka: la obsesión con una ciudad, la fascinación por un continente desconocido (África para Arlt y América para Kafka), el absurdo que rige los destinos de sus personajes, las dificultades para la comunicación. Se puede comparar con Philip K. Dick: la ciencia como motor de los acontecimientos y también como magia, como enigma. Se puede comparar con Dashiell Hammett: una fingida distancia respecto al crimen, pero al mismo tiempo una increíble fascinación por el asesino y su asesinato. Se puede comparar con John Kennedy Toole: sus disparatados personajes, sus asombrosas teorías sobre el funcionamiento del mundo, su salvaje sentido del humor, un poso trágico. Se puede comparar con Lawrence de Arabia: Arlt no se decidió a vivir en el desierto pero se sintió muy atraído por una organización cultural tan diferente. Se puede comparar con Enrique Vila-Matas: su forma de concebir el relato sin ajustarse a unas convenciones rígidas. Se puede comparar con Borges: en esta comparación, Arlt y Borges están en esquinas contrarias: el primero, en la negra, y el segundo, en la rosada. Se puede comparar con Witold Gombrowicz: el gusto por explicar los acontecimientos a través de fenómenos accidentales y obsesiones atávicas. Se puede comparar con Javier Tomeo: una galería de personajes freaks que enriquecen el repertorio habitual de protagonistas “normales”. Se puede comparar con Pedro Mata: el gusto por no desaprovechar las historias sentimentales. Se puede comparar con Albert Camus: la falta de respuesta culpable en sus asesinos. Se puede comparar con James Joyce: con Dublineses, por el retrato de personajes en una ciudad, con Ulises, por el entrecruzamiento de lenguajes muy diferentes. Se puede comparar con Shakespeare: una versión de Shakespeare realizada por los Hermanos Marx. Se puede comparar con Fernando Pessoa y Alvaro de Campos. Se puede comparar con Eugene Ionesco, con David Foster Wallace, con Rudyard Kipling, con Paul Bowles, con Pablo Tusset (aunque Roberto Arlt jamás ha tenido tantos lectores en España como Lo mejor que le puede pasar a un cruasán).

A Roberto Arlt se le puede explicar desde cualquier teoría (estructuralista, estilística, deconstructivista, formalista). Sería un excelente material para una lectura freudiana: el gusto por lo deforme y lo bizarro, la obsesión con el matrimonio, la preocupación por la virginidad, la propensión a lo delictivo y a la exploración de las zonas oscuras (de lo social y del pensamiento), la singular relación con los animales. Resultaría incluso más fascinante con una interpretación a la manera de Bajtin: lo carnavalesco, la risa, el carácter subversivo de la cultura popular, el carácter polifónico de la ficción.
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Fecha de publicación: 01/09/2017
648 páginas
Idioma: Español
ISBN: 978-950-731-921-1
Formato: 16 x 24,5 cm.
Presentación: Rústica con solapas

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