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Sebastián Basualdo.

Sebastián Basualdo

Del libro Mañana solo habrá pasado (inédito)

La invención
Hay hombres que se pasan toda la vida esperando que les suceda algo grandioso
Eso dijo.
Y fue lo último que le oí decir a mi padre.
Pienso ahora en esas palabras.
Entonces sonaron tan rotundas como un desmoronamiento
Me pregunto si será cierto que recién cuando uno abandonó para siempre
esa etapa febril y amenazante, lucida y descarnadamente crítica de la adolescencia,
encuentra (o al menos intenta encontrar) cualquier motivo para justificar a sus padres.
Hay quienes dicen que difícilmente sucede antes de los treinta años, no sé.
La adultez no trae aparejada la indulgencia con las propias faltas.
A veces invento una fábula maravillosa en la que yo nunca dejé de ser mi propio hijo
y hago un hueco en la justificación para reconciliarme.

Mientras te espero.
Pequeño, rústico y sucio como una ratonera.
Las paredes tienen tres manos de pintura distinta;
ninguna logró ensombrecer la humedad
se filtran como dibujos de un niño que no aprendió a ser grande
soportan a duras penas las estanterías
Sobre una de las paredes del fondo,
un reglamento de juego enmarcado
-una ordenanza municipal-
prohibe por decreto escupir en el suelo.
Hay una sola ventana.
Mis amigos los melancólicos beben hasta matarse
y las chicas de la esquina
preguntan si tengo un cospel para usar el teléfono.

Un día
La intimidad del fracaso.
abandonándose a lo largo de todo un fin de semana.
Resignándose a ser lunes
Sin haber sido nunca nada de todo lo que prometió el viernes.

Apariencias
Ella dijo:
Ahora que me decís esto
me doy cuenta
de que se trataba
simplemente
de un modo de exteriorizar
una sensación profunda
hasta comprirmirla
en un acto aparentemente trivial
como es una sonrisa

El azar
Librada al azar
haciendo un canje imposible con el tiempo
Secreto.
tu nombre y el mío.
Ojos oceánicos desbaratando
la esquina de una tarde que ya no te espera
ni me rehuye: la promesa
el silencio y la intolerable sensación
de tu voz colmando la última
gota d´água que cantó Chico.

Lectura diurna
No duermo
me asomo
explorador
a un sueño liviano
apacible
tu cuerpo
se impone desde las alturas
(cansancio como de tierra trabajada bajo la lluvia)
La madrugada amenaza con tener su día escrito
Yo cuento lentamente las letras que me acercan a tu boca.

Leer
No hay lector que no lo haya experimentado alguna vez:
encontrarse en medio de una lectura
sentir la necesidad imperiosa de recomendar el libro
Tenés que leerlo, pensé.
De pronto surge ese nombre
Ahora somos dos
Leyendo.
Uno lee por el otro
La sensación de tener entre tus manos algo revelador y al mismo tiempo íntimo.
Del mensaje cifrado para sí mismo surge la evidencia:
la noción del tiempo se desbarata,
retomar la lectura es postergarla todo lo posible.
Ahora ya no estás solamente leyendo
algo mucho más profundo y determinante:
sucede en el preciso instante en que te asomás con vértigo al borde del libro…

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